17.6.11

Expliquez-vous!

Después de los incidentes en el Parlamento, también Hessel ha querido dejar claro su rechazo a la violencia. Es el error de todo intelectual disfrazado de revolucionario creer que podrá dirigir a las masas. Y una cosa es que las masas hayan copiado el título de su panfleto y otra cosa es que estén dispuestas a someterse a su autoridad. A Hessel, como a Oliveres o a Navarro o a tantos otros, no hay que responsabilizarlos de la violencia. Porque mucho más peligrosa que la violencia de las minorías radicales es el apoyo ideológico que reciben de estos y otros hombres con mucha más fe que razón. Hessel podrá repetir tantas veces como quiera sus proclamas pacifistas, pero eso no tiene ningún valor porque tampoco en esto le harán caso los violentos. Oliveres, Navarro, Hessel y tantos otros sólo tienen que responder de sus palabras, de sus argumentos. Pero deben hacerlo.
Hessel, por ejemplo. Su argumento básico, el que le lleva a exigir a los jóvenes que se indignen, es que hoy las conquistas sociales están amenazadas por la democracia como ayer lo estaban por el nazismo. Hessel considera que la indignación fue el motor de la resistencia y que, por tanto, hoy es tan necesaria como ayer. Y ya se sabe que cuando el único instrumento que tienes es un martillo todo te parece un clavo. Si aceptamos este absurdo paralelismo histórico y que hoy perseguimos los mismos fines que ayer, una de las cosas importantes que debería explicar es por qué ayer servían los métodos violentos de la resistencia pero hoy, en cambio, son "ineficaces" y , por tanto, condenables. También debería explicar por qué la violencia le parece que es condenable o no lo es según su eficacia. Al respecto encontramos alguna pista en el panfleto. Allí, Hessel se declara hegeliano porque cree que la historia humana es la historia de un progreso "etapa por etapa". Y esta creencia, nos dice, se basa en su "optimismo natural". Es bien sabido que para el auténtico progresista todo se juzga en función de si hace avanzar o retroceder la historia. Incluso los asesinatos de masas. Pero ni siquiera a un progresista le bastará con el "optimismo natural" del sr.Hessel para saber cuando el uso de la violencia sirve al progreso y cuándo no. En el panfleto, Hessel hace una referencia puntual al comentario de Walter Benjamin sobre el Ángelus Novus de Klee. No lo debería rechazar tan rápido y a la ligera. Este comentario podría serle muy útil para entender hasta qué punto el progreso que defiende es imposible sin la violencia que condena.