16.7.11

El sueldo de la "casta política" (FCO)

Una de las razones del éxito de crítica y público del movimiento del 15M es que no hacía más que repetir los prejuicios más populistas de muchos y muy diversos ciudadanos. El discurso contrario a las élites, que serían las únicas culpables de la crisis actual y de todos los males de la sociedad, ha hecho habituales expresiones como la de "casta política" y las consecuentes críticas a su sueldo. Este populismo sobrevivirá al 15M y es más peligroso que los gritos de los indignados. Por eso hay que discutirlo y por eso hay que discutir los temas y los términos del diputado López Tena, que en una reciente intervención parlamentaria acusaba a la "casta política" catalana de no querer transparencia ni bajarse el sueldo.
Que se habla de una casta política pero no se habla nunca de una casta futbolística es tan evidente como significativo. Cualquier adulto sabe que para ser como Messi se necesita algo más que una camiseta del Barça con su nombre, unas botas de colores y una pelota de fútbol. Pero, en cambio, el ciudadano democrático vive convencido de que para ser político no se necesita nada que el ciudadano medio no tenga. Esto se debe en gran parte a una mala comprensión de la tarea del político, que se considera que no pasa de la vieja idea de representar al pueblo allí donde el pueblo no tiene el tiempo ni la paciencia de estar presente. Es por ello que la democracia directa pasaba estos días por ser la mejor forma de gobierno, porque nadie representa mejor el pueblo que el mismo pueblo. Y es por eso que muchos ciudadanos están convencidos de que ellos lo harían mejor, porque olvidan no sólo que el arte de gobernar es complicado, sino que también lo es el tecnicismo burocrático que impone la vida parlamentaria. El trabajo del político no es sencilla. Pide una gran dedicación y la ayuda de una dilatada experiencia y eso hace muy necesaria, incluso imprescindible, la existencia de estos políticos profesionales que tanto se critican. Incluso con su talento innato, Messi ha necesitado dedicar toda una vida al fútbol para llegar a ser Messi.
La necesidad de tener buenos políticos es mucho más evidente que la manera de conseguirlos. E incluso es más evidente que la manera de atraer profesionales buenos y honrados hacia la vida política. Es difícil saber cómo hacerlo, pero es muy fácil entender que los sueldos bajos y las críticas duras y constantes son alicientes insuficientes para dedicarse al servicio público. Sobre todo si es que se tiene otra cosa que hacer en la vida. Pagar sueldos mediocres es la mejor manera de asegurarse políticos mediocres. Aunque con algunas excepciones. Como la de aquellos patriotas con un extraordinario sentido del deber. Pero una flor no hace verano y un buen político no hace una buena clase política. O como la de aquellos hombres suficientemente ricos para dedicar su vida al ocio que optaran, por razones incomprensibles y no sé imaginar al servicio de qué intereses, por dedicar su tiempo a la política. Estas son evidencias que Girauta recordaba con estas palabras: "la buena remuneración derriba las barreras de renta en el acceso a la política y dignifica el cargo. La mala, además de resultar injusta y dejar la cosa pública a los ricos, aleja a los gestores más competentes".
Unos sueldos mediocres suelen atraer políticos mediocres. Para tener buenos políticos, tenemos que pagar el sueldo que merecen los buenos políticos. La otra opción es avanzar por la hipotética vía platónica y obligarles al servicio público. Pero a la dificultad de establecer cuáles son los buenos se sumaría el hecho de que, para nosotros, la necesidad de la democracia es mucho más evidente que la necesidad de los buenos gobernantes. Y la democracia, esta democracia, la democracia real, es cara. Mucho más cara que las democracias directas en el suelo de una plaza, que las democracias orgánicas, las populares, las monarquías absolutas y los gobiernos totalitarios. La libertad es cara.