20.8.11

Entre dos aguas

López Tena ha dicho que "la postura política de SI es clara, ETA es un obstáculo para la libre determinación del pueblo vasco y, por tanto, se debe disolver inmediatamente". En un comunicado, SI dice que sus razones para condenar a ETA son dos: "condenamos el uso o amenaza de la violencia al servicio de objetivos políticos, por inmoral y por ser un obstáculo para la libertad del pueblo. Por las dos razones, pedimos a ETA que abandone definitivamente las armas". Dejando de lado la cuestión principal, que es si un país que vive bajo la amenaza terrorista puede realmente "determinarse libremente" o "autodeterminarse", el problema del comunicado es que estas dos razones no pueden mantenerse a la vez. O se condena a ETA porque la violencia es inmoral, independientemente de si favorece o no la "libre determinación del pueblo vasco"; o se condena a ETA por ser un obstáculo para la "libre determinación del pueblo vasco", independientemente de si hace o no hace uso de la violencia. Que son dos posturas irreconciliables lo demuestra el hecho de que hasta hace bien poco muchos creían que el País Vasco sería independiente gracias a la violencia de ETA. Hay que elegir. La segunda opción es terrible, porque condena por igual a todos los "agentes sociales" (en abertzale) que obstaculizan el histórico camino del pueblo vasco hacia la autodeterminación; sean víctimas o verdugos. La primera opción es noble, pero no permite satisfacer las pasiones de todos aquellos de sus electores entusiasmados con el reciente catalan tour de Bildu, presunto ejemplo de democracia. Este discurso entre dos aguas de parte del independentismo se ha demostrado políticamente rendible, pero no sólo es lógicamente absurdo sino moralmente repugnante.

18.8.11

Como diría alguien a quien aprecio mucho, cuando el progresista plantea un cambio, el conservador pregunta: ¿Es que no estamos suficientemente mal?
El progresista confía más en la historia que en la naturaleza; el conservador teme más a la naturaleza que a la historia. La diferencia me aprece que está hoy más viva que nunca.


9.8.11

El liberalismo sitiado

Ian Buruma no sólo defiende que los liberales, en un sentido transatlántico del término, tienen valores firmes, principios o convicciones, sino que éstos son suficientes para defender las bondades de la democracia liberal frente a la amenaza de sus enemigos. La democracia liberal y el pluralismo no necesitan más defensa que la defensa y el mantenimiento de las leyes que garantizan la libertad y la pluralidad en las democracias liberales y plurales. Pero para garantizar, no sólo la suficiencia, sino la permanencia de estas leyes, se necesita, como mínimo, una mayoría de liberales tolerantes, con estos valores firmes, principios y convicciones. Una mayoría de ciudadanos dispuestos a ser fieles y obedientes a las leyes del país, incluso cuando éstas no son las leyes que ellos hubieran preferido. Una mayoría de ciudadanos que entiendan que "los ciudadanos no necesitan compartir los mismos valores en las sociedades pluralistas, pero deben acatar las mismas leyes". La esperanza que ciudadanos que no comparten los valores que Buruma presenta como propiamente liberales, la tolerancia y la moderación, actúen de forma tolerante y moderada es difícil de justificar. Lo máximo que cabría esperar es que un entorno mayoritariamente tolerante y moderado favoreciera la promoción de la tolerancia y la moderación con más éxito de lo que un entorno de fanáticos favorece la promoción del fanatismo. Pero la misma naturaleza de las virtudes liberales de tolerancia y moderación hacen sospechar que quizás esto sea esperar demasiado.
Como decía Chesterton y recordaba Lippman: "Modern society is intrinsically insecure because it is based on the notion that all men will do the same thing for different reasons (...) To expect that all men for all time will go on thinking different things, and yet doing the same things, is a doubtful speculation. It is not founding society on a communion, or even on a convention, but rather on a coincidence. Four men may meet under the same lamp post; one to paint it pea green as part of a great municipal reform; one to read his breviary in the light of it; one to embrace it with accidental ardour in a fit of alcoholic enthusiasm; and the last merely because the pea green post is a conspicuous point of rendezvous with his young lady. But to expect this to happen night after night is unwise...."