9.8.11

El liberalismo sitiado

Ian Buruma no sólo defiende que los liberales, en un sentido transatlántico del término, tienen valores firmes, principios o convicciones, sino que éstos son suficientes para defender las bondades de la democracia liberal frente a la amenaza de sus enemigos. La democracia liberal y el pluralismo no necesitan más defensa que la defensa y el mantenimiento de las leyes que garantizan la libertad y la pluralidad en las democracias liberales y plurales. Pero para garantizar, no sólo la suficiencia, sino la permanencia de estas leyes, se necesita, como mínimo, una mayoría de liberales tolerantes, con estos valores firmes, principios y convicciones. Una mayoría de ciudadanos dispuestos a ser fieles y obedientes a las leyes del país, incluso cuando éstas no son las leyes que ellos hubieran preferido. Una mayoría de ciudadanos que entiendan que "los ciudadanos no necesitan compartir los mismos valores en las sociedades pluralistas, pero deben acatar las mismas leyes". La esperanza que ciudadanos que no comparten los valores que Buruma presenta como propiamente liberales, la tolerancia y la moderación, actúen de forma tolerante y moderada es difícil de justificar. Lo máximo que cabría esperar es que un entorno mayoritariamente tolerante y moderado favoreciera la promoción de la tolerancia y la moderación con más éxito de lo que un entorno de fanáticos favorece la promoción del fanatismo. Pero la misma naturaleza de las virtudes liberales de tolerancia y moderación hacen sospechar que quizás esto sea esperar demasiado.
Como decía Chesterton y recordaba Lippman: "Modern society is intrinsically insecure because it is based on the notion that all men will do the same thing for different reasons (...) To expect that all men for all time will go on thinking different things, and yet doing the same things, is a doubtful speculation. It is not founding society on a communion, or even on a convention, but rather on a coincidence. Four men may meet under the same lamp post; one to paint it pea green as part of a great municipal reform; one to read his breviary in the light of it; one to embrace it with accidental ardour in a fit of alcoholic enthusiasm; and the last merely because the pea green post is a conspicuous point of rendezvous with his young lady. But to expect this to happen night after night is unwise...."