23.9.11

ErC (FCO)

Alfred Bosch ha sido elegido cabeza de lista de ERC para las elecciones al Congreso de los Diputados. Con esta elección, ERC pretende superadas las dudas sobre si es un partido más o menos de izquierdas y más o menos independentista. Tras los últimos años de izquierdista tripartito, Esquerra vuelve a ser un partido "netamente independentista y netamente de izquierdas". Pero viendo el desprecio con que se hablaba últimamente de la experiencia de Ridao y de sus aptitudes políticas, más bien parece que la gran olvidada y el gran problema de ERC sea la R republicana. 
El republicanismo de ERC se ha convertido en una excusa como cualquier otra para acabar los mítines quemando fotos del rey o gritando muerte al borbón para satisfacer las bajas pasiones del sector de los niños Coca y Tardà. El desprecio que siente buena parte de la militancia por el diputado Ridao no es nada personal. Es sólo una muestra del desprecio que siente por la vida parlamentaria. Y, sobre todo, por la vida parlamentaria madrileña. Una actitud totalmente comprensible en un partido que aspira, precisamente, a desaparecer de la vida parlamentaria madrileña, pero que impide a ERC ser partido de gobierno y le condena a entrar en batallas que no vale la pena luchar y que, además, no parece que pueda ganar. 
ERC cree que el experimento del tripartito le ha pasado factura porque apostó por la izquierda y descuidó el eje nacional. Pero este supuesto descuido no es más que la constatación de que, tras dos legislaturas con Esquerra en el gobierno, Cataluña sigue siendo una comunidad autónoma del reino de España. Y esto sólo ha podido sorprender algunos sectores minoritarios de la derecha española y del independentismo, igualmente convencidos de que lo único que podía hacer ERC en el gobierno era declarar la Independencia. Aunque esta parece ser una creencia compartida por la actual Esquerra, esta no era su pretensión cuando entró en el gobierno. ERC aseguraba que su intención era arrastrar al PSC hacia el catalanismo, y difícilmente podemos decir que haya fracasado cuando vemos un PSC que se desangra a manos de PP y C's, pero donde Chacón, Montilla y Rubalcaba defienden la inmersión lingüística y acusan a CiU de "botifler" por pactar con el enemigo español. 
ERC no ha dejado nunca de ser un partido "netamente de izquierdas y netamente independentista". Lo único que ha dejado de ser es un partido de gobierno. Ha asumido el discurso de los independentistas de oposición y se declara convencida de que Cataluña no será digna de su gobierno hasta que se haya demostrado digna de su libertad y que cualquier participación activa en la política española es una traición a la pureza del auténtico independentismo. En ERC parecen convencidos de que lo que les ha corrompido no han sido las malas políticas sino las responsabilidades políticas en sí mismas, y por eso hace días que han renunciado a cualquier responsabilidad y no tienen política de gobierno en Cataluña ni política de ningún tipo en Madrid. Por eso tampoco necesitan discutir ni definir sus "valores republicanos" o las virtudes necesarias para el buen ejercicio político. Saber ser buenos políticos no sólo les parece innecesario, sino que hasta les parece despreciable. 
ERC parece haber aceptado que lo único que se puede esperar del independentismo, como los tontos de la clase, es una actitud firme, constante y positiva. Así, renunciando a las aptitudes en favor de las actitudes, ERC estaría renunciando a la posibilidad de tener un perfil propio ante la Solidaridad de López Tena, que tiene mucho más claro que ellos que el Parlamento de Cataluña es un Parlamento de feria y que por eso no les ganará nunca por sus aptitudes, que bien merecerían un par o tres de votos, sino por sus actitudes, que bien merecerían un par o tres de cachetes. No sé cómo, pero esta renuncia podría acabar siendo positiva para el futuro de ERC. Lo que no creo de ninguna manera es que pueda ser positiva para el independentismo catalán. 


21.9.11


1. ¿Por qué hay algo en vez de nada?
No estoy seguro de que sea así. Me parece muy raro decir que, como hay algo, no hay nada. Supongo que habrá que hacerle caso a Azúa y preguntárselo a Heidegger.
2. ¿Cuál es la idea política más sobrevalorada de la historia?
La de progreso.
3. ¿Y la más infravalorada?
La de naturaleza humana.
4. ¿Cómo cree que será España dentro de 50 años?
Como todo lo demás, igual en lo esencial. Un país de sol y playa, aunque a lo mejor con un poco más de sol y unas pocas playas de menos.
5. ¿Qué libro cambió su forma de pensar y en qué sentido lo hizo?
Me siento obligado a responder que el primero que leí de Leo Strauss, aunque no recuerdo cual fue. Y me gustaría pensar que lo hizo en sentido ascendente.
6. ¿Cuál es su receta para cambiar el mundo?
No tengo ninguna pero no se necesita. Hagas lo que hagas (e incluso cuando intentas no hacer nada) es imposible pasar por este mundo sin cambiarlo. Otra cuestión es cómo dirigir su rumbo, pero esa me parece una pretensión infantil.
7. ¿En qué proyecto, investigación o rama de la ciencia tiene puestas más esperanzas y por qué?
En la ciencia como en la política intento poner mis esperanzas en la solución de los problemas más urgentes, que son los más pequeños. Por eso espero bastante del progreso de las ciencias llamadas médicas y mucho menos, por no decir casi nada, de las que pretenden encontrar respuestas definitivas a las grandes preguntas de la humanidad.
8. ¿Seguirán existiendo la democracia y el libre mercado dentro de 100 años? Si cree que no será así, ¿qué tipo de organización política y/o económica ocupará su lugar?
Siempre han existido diversos regímenes políticos y económicos y no creo que eso vaya a cambiar. Creo que seguirá existiendo la democracia y seguirán existiendo otros regímenes políticos, y creo que lo harán con los mismos nombres con los que ya los conocía Aristóteles en su Política. Dónde habrá democracia, dónde libre mercado y dónde algo distinto es algo que desconozco, pero me cuesta imaginar unos Estados Unidos sin democracia y una Europa en la que no quede rastro de ella.
9. ¿Sigue teniendo la filosofía algún sentido en la era de la ciencia?
El mismo de siempre. Lo único que ha pasado en la supuesta era de la ciencia es que ahora algunos científicos se dedican a lo mismo que algunos licenciados en filosofía. Es cierto que no lo hacen mucho mejor que ellos, pero en su favor hay que decir que tampoco suelen hacerlo mucho peor, porque pensadores a la altura de los grandes problemas siempre ha habido muy pocos y a menudo ninguno.
10. Si tuviera que trabajar como abogado del diablo, ¿a quién o qué escogería como cliente?
Al diablo, pero por suerte para todos no necesita abogado.
11. ¿Cuál es el mayor peligro al que se enfrentará la humanidad durante los próximos años?
Supongo que el mayor peligro es la posibilidad de su completa autodestrucción. Un peligro que hace posible el progreso técnico y del que ni dios podría salvarnos. Pero ese no es ni el más probable ni el más inminente ni el más preocupante de los peligros, sólo el mayor.
12. ¿En qué aspectos concretos ha empeorado la humanidad con respecto a los siglos anteriores, si es que cree que lo ha hecho en alguno?
La humanidad, así en abstracto, ni empeora ni mejora. Y las cosas, en concreto, simplemente cambian. O, como suele decirse, evolucionan. Y por muy importantes que esos cambios sean para nosotros los humanos, a la humanidad seguramente le sean bastante indiferentes.
13. ¿En qué casos el fin justifica los medios, si es que cree que lo hace en alguno?
Siempre. El fin es la única justificación de los medios. Sin fin, los medios ya no es que sean buenos o malos, sino que ni siquiera son medios. Pero eso, evidentemente, no quiere decir que un buen fin haga bueno un mal medio. La bondad de los fines es independiente de la bondad de los medios.
14. ¿Cuál es su criterio para medir la bondad o la maldad de una determinada idea política?
La solidez del argumento con el que se presenta. Aunque procuro no olvidar que una buena política no es lo mismo que una política justificada por buenas ideas.
15. ¿Libertad o igualdad? ¿Por qué?
Fraternidad. Porque me parece la mentira más noble. Nos ayuda a soportar con elegancia y hasta con cierta alegría las diferencias naturales y las imprescindibles restricciones a la libertad que impone toda vida en común.
16. Si pudiera escoger, ¿preferiría vivir en un mundo en el que dios existiera o uno en el que no? ¿Por qué?
Lo único que soy capaz de concebir de Dios es su ausencia, así que no imagino qué diferencia habría entre estos dos mundos.
17. ¿Cuál es su placer culpable?
Los marshmallows de lima y coco del 41°.
18. ¿Es su vida como se la había imaginado a los 20 años?
Casi idéntica. Pero no tiene mucho mérito porque todo lo que esperaba de mi vida es que no cambiase demasiado y tampoco le he dado mucho tiempo ni muchas oportunidades para llevarme la contraria.
19. En el hipotético caso de que usted fuera uno de los bomberos de esta noticia, ¿habría dejado que se quemara la casa? ¿Por qué?
No me imagino de bombero y suelo esquivar con bastante éxito la toma de decisiones comprometidas, pero quizás en este caso habría evitado que se quemase, porque soy un niñato moralista que teme más al dolor de conciencia que a perder el trabajo.
20. ¿A qué pregunta no ha encontrado respuesta aún y cree que no la encontrará jamás?
A la de ¿qué he hecho yo para merecer esto?

17.9.11

Identidad y lengua (FCO)

El debate sobre la inmersión lingüística en la escuela es, evidentemente, un debate identitario. Y no sólo porque, como dicen sus contrarios, la inmersión pretenda mantener y fomentar la identidad cultural catalana a través de la educación en catalán. También lo es porque las motivaciones de los padres que quieren que sus hijos estudien en castellano en la escuela son motivaciones identitarias. Quieren, y así lo dicen, que los hijos estudien en la lengua de sus padres y creen que así tiene que ser. 
Las dificultades para admitir el carácter identitario del debate sobre la lengua y la educación son sólo una muestra de las dificultades que se tienen para admitir el carácter identitario de las sociedades. Que no quiere decir nada más, pero que tampoco quiere decir nada menos, que admitir que las sociedades conforman la identidad del individuo. O que conforman, al menos, su identidad como ciudadano. Nuestra reticencia a reconocer este debate como identitario y afrontarlo como tal deriva de nuestra concepción espontáneamente contractualista de la sociedad. Concebimos la sociedad como una asociación de individuos en la búsqueda común de algunos intereses particulares compartidos. Tendemos a creer, por eso, que el único fundamento justo de la sociedad es la casualidad, que la identidad y los intereses del ciudadano son anteriores a la sociedad y que ésta está a su servicio. Es más, tendemos a creer que cualquier pretensión de la sociedad de formar el carácter de sus ciudadanos es un incumplimiento de los términos del contrato. Un atentado, se dice a veces, contra los derechos fundamentales del hombre y el ciudadano. Pero para firmar un contrato, un contrato que reconozca estos derechos como fundamentales, hay que saber quién debe pactar los términos del contrato y como estos signatarios pueden ponerse de acuerdo. Para ello necesitan, básicamente, una lengua común que les permita comunicarse. Es por eso que nunca, ni en la teoría, el tema lingüístico es secundario a la formación de la sociedad propiamente dicha. Y es por eso que, también en el debate sobre la inmersión lingüística, unos y otros definen su identidad, y la identidad del país que quieren, a través y en relación a la lengua que hablan. 
Otro de los problemas del contractualismo, y que ven con algunos indicios de claridad los que insisten en que "Yo no he votado la Constitución", es que el ciudadano siempre llega cuando el contrato ya se ha firmado. Que el contrato social precede y conforma la identidad del ciudadano y que lo único que éste puede hacer es modificarlo. Es por ello que la única decisión auténticamente fundamental es, por lo tanto y como siempre, la decisión sobre cuáles son los ciudadanos llamados a modificar los contratos que los someten. Que la decisión de fondo sobre la inmersión lingüística es, efectivamente, la decisión de quien debe decidir cuál es el modelo educativo y cuál es la identidad de Cataluña. Y cada vez es más difícil eludir esta cuestión en el debate público. 


7.9.11

Faction & Fiction

El mismo día (7/9/2011), en La Vanguardia



Soberanías (FCO)

La mayoría de las críticas que ha recibido el proceso de reforma constitucional han sido en nombre de la soberanía. Para algunos, el hecho de que ésta sea una reforma presuntamente ordenada por Merkel y el BCE representa un ataque a la soberanía española. Para otros, que el PP y el PSOE hayan pactado y aprobado la reforma sin someterla a referéndum es una usurpación de la soberanía popular. Algunos incluso han afirmado que la democracia debería ser soberana ante los mercados. Y el diputado Ridao, homenajeando el difunto Presidente Barrera, advirtió que esta reforma era un ataque a la soberanía catalana.
Tienen razón los que señalan las instituciones internacionales como una amenaza a la soberanía nacional, e incluso los que advierten que en un estado constitucional la diferencia entre la democracia parlamentaria y la dictadura parlamentaria es una diferencia de primer orden. La constitución pone límites al poder del Parlamento, a lo que el Parlamento puede decidir, y es en este sentido que toda constitución es la constitución del pueblo contra los políticos. Por razones principalmente técnicas, no es el pueblo quien redacta la constitución, pero sí es él quien la ratifica. Es aquí donde recae el que se suele llamar la soberanía popular. Como la soberanía popular presupone la unidad popular ("nosotros, el pueblo" y no "nosotros, los pueblos"), también Ridao tiene razón. La soberanía española es incompatible con la soberanía catalana. Y la polémica sentencia del TSCJ sólo es la prueba más reciente.
Para señalar la falta de soberanía de Cataluña no es necesario recurrir a absurdas y falaces distinciones entre la legalidad y la legitimidad, que en el fondo sólo pretenden evitarnos el tener que cumplir las leyes que no nos gustan haciéndolas pasar por ilegítimas. Basta con constatar que la voluntad de los catalanes no es suficiente para convertir en legal y real el modelo educativo que les parezca ideal. De la misma manera que para señalar la falta de soberanía del pueblo español basta con constatar que, por mucho que quisiera, ya no podría endeudarse esperando que pagara otro. Como decía Gregorio Luri, "la soberanía es de quien la puede pagar al contado" y "soberano es quien decide cómo y cuándo tienes que modificar tu constitución". Carl Schmitt escribió que "soberano es quien decide sobre el estado de excepción". Como hemos visto, hay otras definiciones, pero todas están en la misma. Soberano es, por tanto, quien cambia el derecho sin tener derecho. Y eso quiere decir que la soberanía no se reivindica, ni se reclama, ni se negocia, ni se pacta, ni se exige. La soberanía, simplemente, se ejerce. Y es precisamente el ejercicio de la soberanía lo que define quién es el auténtico soberano.