7.9.11

Soberanías (FCO)

La mayoría de las críticas que ha recibido el proceso de reforma constitucional han sido en nombre de la soberanía. Para algunos, el hecho de que ésta sea una reforma presuntamente ordenada por Merkel y el BCE representa un ataque a la soberanía española. Para otros, que el PP y el PSOE hayan pactado y aprobado la reforma sin someterla a referéndum es una usurpación de la soberanía popular. Algunos incluso han afirmado que la democracia debería ser soberana ante los mercados. Y el diputado Ridao, homenajeando el difunto Presidente Barrera, advirtió que esta reforma era un ataque a la soberanía catalana.
Tienen razón los que señalan las instituciones internacionales como una amenaza a la soberanía nacional, e incluso los que advierten que en un estado constitucional la diferencia entre la democracia parlamentaria y la dictadura parlamentaria es una diferencia de primer orden. La constitución pone límites al poder del Parlamento, a lo que el Parlamento puede decidir, y es en este sentido que toda constitución es la constitución del pueblo contra los políticos. Por razones principalmente técnicas, no es el pueblo quien redacta la constitución, pero sí es él quien la ratifica. Es aquí donde recae el que se suele llamar la soberanía popular. Como la soberanía popular presupone la unidad popular ("nosotros, el pueblo" y no "nosotros, los pueblos"), también Ridao tiene razón. La soberanía española es incompatible con la soberanía catalana. Y la polémica sentencia del TSCJ sólo es la prueba más reciente.
Para señalar la falta de soberanía de Cataluña no es necesario recurrir a absurdas y falaces distinciones entre la legalidad y la legitimidad, que en el fondo sólo pretenden evitarnos el tener que cumplir las leyes que no nos gustan haciéndolas pasar por ilegítimas. Basta con constatar que la voluntad de los catalanes no es suficiente para convertir en legal y real el modelo educativo que les parezca ideal. De la misma manera que para señalar la falta de soberanía del pueblo español basta con constatar que, por mucho que quisiera, ya no podría endeudarse esperando que pagara otro. Como decía Gregorio Luri, "la soberanía es de quien la puede pagar al contado" y "soberano es quien decide cómo y cuándo tienes que modificar tu constitución". Carl Schmitt escribió que "soberano es quien decide sobre el estado de excepción". Como hemos visto, hay otras definiciones, pero todas están en la misma. Soberano es, por tanto, quien cambia el derecho sin tener derecho. Y eso quiere decir que la soberanía no se reivindica, ni se reclama, ni se negocia, ni se pacta, ni se exige. La soberanía, simplemente, se ejerce. Y es precisamente el ejercicio de la soberanía lo que define quién es el auténtico soberano.