16.3.12

Kony2012 y la obligación moral de ser inteligentes

El éxito que ha tenido la campaña Kony2012 pone de manifiesto que los espectadores están mucho más predispuestos a defender las buenas causas que a discutir sobre el bien. Esto no sería un problema moral si lo bueno y lo mejor fueran conocidos y los medios para conseguirlos fueran necesarios. Si todo el mundo supiera qué es lo que está bien y qué es lo que está mal y qué hacer para que el bien prevalezca sobre el mal. El reconocimiento de nuestra ignorancia sobre el bien hace que normalmente nos conformamos a luchar contra el mal, pero esto se convierte en un problema moral porque incluso si el mal fuera más fácil de reconocer que el bien, este reconocimiento no sería aún suficiente para saber cuál es la mejor manera de combatirlo. Es mucho más fácil reconocer en Joseph Kony al tipo de malvado extraordinariamente cruel y sanguinario que sólo encontramos en las películas sobre África que saber qué es lo mejor que podemos hacer con él. Porque de eso se trata, porque aquí tampoco es suficiente tener buenas intenciones para tener buenas políticas y porque cuanto más convencidos estemos de la bondad de nuestras intenciones más fácil será que estas acaben siendo contraproducentes.
A pesar de la aprobación general, la campaña ha recibido duras críticas por simplista y por paternalista. Son críticas pertinentes. Es evidente que la simplicidad de la campaña es una de las causas de su éxito. Precisamente por eso es una gran campaña. Pero el problema es que hay causas incompatibles con la simplicidad y a las que, precisamente por eso, no beneficia a ninguna campaña. Por eso hay que discutir sobre la finalidad de esta campaña. Porque podría acabar siendo muy eficaz si su único objetivo fuera la captura de Kony y terriblemente ineficaz si el objetivo fuera la paz en la región y el bienestar de los ugandeses. Simplemente, no deberíamos dar por hecho que en justicia donde hay ganancias no puede haber pérdidas. Y por eso también es justificada la acusación de paternalismo. La campaña es paternalista porque pretende decir a los ugandeses cuáles son los problemas que deberían preocuparles, independientemente de si estos son o no son los problemas que les preocupan. Y parece, por ejemplo, que los ugandeses tienen más motivos para temer el Síndrome del Cabeceo (o "Noddings Disease Syndrome") que a Kony y los suyos. Como nos debería haber enseñado la vieja y recurrente historia del blanco bueno que busca negro pobre, el problema del paternalismo es que los que hacen de padres creen saber más de lo que saben y que por eso la mejor manera de ayudar y respetar los africanos es considerándolos capaces de reconocer sus propios problemas, de buscar sus propias soluciones y de pedir nuestra ayuda cuando crean que la necesitan. Aunque una campaña como ésta pueda no servir para mejorar la vida de ningún ugandés, puede servir como mínimo para recordarnos que para ser buenos no es suficiente tener buenos sentimientos y que por eso tenemos la obligación moral de ser inteligente inteligentes. Y no porque la inteligencia nos haga más buenos, sino porque nos ayuda, como mínimo, a no hacer demasiado daño cuando lo que queremos es hacer el bien.