18.5.12

La democracia es un medio?

Hace unas semanas, el joven diputado de IU Alberto Garzón provocó un sorprendente revuelo cuando dijo, en su twitter, que "la democracia es un medio y no un fin". Es difícil saber qué es exactamente lo que quería decir con estas palabras, pero todo parece indicar, o al menos así se interpretó, que definiendo la democracia como medio señalaba que ésta no había cumplido su función y debía ser sustituida por un instrumento más adecuado. Pero, como los medios encuentran su sentido en los fines, para saber si la democracia es un medio y si cumple con su finalidad, deberíamos ser capaces de explicitar su fin. A lo largo de la discusión se hizo evidente que la finalidad que se suponía propia de la democracia era de carácter económico; desde el crecimiento, que por aquellas fechas aún era una preocupación de derechas, hasta el reparto de la riqueza, que ya entonces era una noble preocupación de izquierdas. Que tanto esta discusión como esta definición surgieran en plena crisis económica hace pensar que se trata de una definición ad hoc, de la expresión de un cierto desencanto ante el hecho de que nuestras democracias crezcan (las que crecen) a un ritmo más lento que algunas sociedades emergentes, algo menos democráticas y, sobre todo, mucho más lento que la nada democrática China. Así, la definición de la democracia como medio podría no ser más que una respuesta de humildad al viejo entusiasmo con el que Fukuyama definió la democracia como finalidad, como el fin mismo de la historia. La dificultad para saber si esta afirmación es algo más que la expresión de un malestar previsiblemente pasajero se acentúa porque en este debate los defensores de la democracia a menudo han hablado indistintamente de política y de democracia. Pero como estos términos no son sinónimos, bien podría ser cierto al mismo tiempo que la política fuera un fin (como diría Aristóteles) y que la democracia fuera un medio (como dijo Garzón).
Cuando Aristóteles afirmaba que el hombre es un animal político no quería decir, simplemente, que el hombre es un animal social y que de la sociedad dependen las condiciones mínimas de su supervivencia, sino que el hombre es un animal que encuentra en la vida en la polis su más alta realización. En la polis la comunidad humana llega a sus posibilidades más altas y en la vida en la polis y en la práctica de la política está la finalidad de la vida humana. Pero la democracia es sólo uno de los muchos regímenes políticos posibles, una de las muchas formas posibles de la polis. Y si podemos decir, quién sabe si con Fukuyama, que la democracia liberal es la mejor realización de la polis aristotélica (quizás porque abre el acceso a la más elevada vida humana, la vida política, a todos los hombres) es porque la vida democrática es la más alta realización de la naturaleza humana, porque en ella las más altas capacidades humanas (las capacidades racionales del hombre) encuentran el campo más adecuado para su desarrollo. Pero incluso cuando no estemos en condiciones de defender esta concepción teleológica de la naturaleza humana tenemos buenos motivos para defender la democracia, por ejemplo, porque es la manera de continuar la guerra por el poder por otros medios. Porque hace posible que los ciudadanos persigan todos los fines que consideramos dignos de ser perseguidos y porque aquella famosa frase que asegura que la democracia es el peor de los sistemas a excepción de todos los demás no expresa un defecto de la democracia sino su principal virtud y el mejor motivo para preferirla a cualquier alternativa conocida.

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