15.6.12

¿Por qué Grecia?


La posibilidad de que Grecia salga del Euro es, ciertamente, mucho más que un contratiempo económico y político para Europa. Con Grecia, Europa se juega su identidad y el sentido de su proyecto, porque el espíritu de Europa nace y vive en el diálogo entre Atenas y Jerusalén y sólo en este diálogo encuentra su razón de ser. Europa es este diálogo y, como muchos de los que se proclaman sus orgullosos herederos nos recuerdan estos días, este diálogo es imposible sin la voz de Atenas. Sin Atenas, sin lo que Grecia representa, Europa simplemente no podría saber qué es ni qué defiende.
Pero no podemos dar por supuesto que sabemos cuál es la auténtica voz griega. No podemos dar por supuesto que la voz del gobierno griego sea la voz de la Grecia que anuncia los ideales europeos. Ni podemos dar por supuesto que sabemos cuáles son los ideales que la voz auténticamente griega debería anunciar. Y el caso es que lo hacemos. Damos por supuesto que esta es una voz que se alza en favor de Europa, en cualquier forma y situación, siempre que ésta sea una Europa unida políticamente y ahora parece ser que también económicamente. Pero el hecho de que Europa se constituya no tanto por este diálogo sino en este diálogo demuestra, precisamente, que el auténtico sentido de su proyecto siempre está por determinar. Que la Europa donde se encuentran la filosofía y la política, el espíritu humanista y el materialismo económico, es siempre un proyecto en construcción y que seguramente no puede ser nada más que eso.
Como bien dice Mario Vargas Llosa en un artículo reciente sobre esta misma cuestión, de Grecia, de los diálogos platónicos, en realidad, podemos aprender que "conversar es la manera más civilizada de convivir". Y si estamos dispuestos a aprender esto ya convivir así no podemos olvidar que todo diálogo que se pretenda auténtico sólo es posible entre personas que confían las unas en las otras. Que confían en la veracidad de sus palabras. Actualmente, Grecia es el país europeo que está más alejado de este espíritu socrático. Grecia es una caricatura de aquella Grecia que consideramos que es ella misma, del mismo modo que una Europa sin Grecia sería una caricatura de sí misma aunque sólo fuera porque siempre somos una caricatura de nuestras mejores posibilidades. También esta es una lección griega, y también esta es una lección que puede ser bueno aprender. Todo diálogo político es una negociación y toda negociación no es más que una caricatura de los diálogos socráticos en los que queríamos vernos reflejados. La Unión Europea es uno de los ejemplos más evidentes.
Así pues, ¿cuál es el auténtico mensaje que Europa debe considerar suyo? ¿Cuál es el ideal que Europa debe hacer suyo? No hay en los diálogos platónicos ningún indicio de que este ideal regulador de la política europea tenga que ser la integración política y económica de los estados-nación europeos. Y, por lo tanto, tan auténticamente europeo podría resultar ser este mensaje como el de una defensa de una sana convivencia y de un diálogo sincero entre hombres, estados y monedas. Si nos decidimos a reconocer la convivencia en el diálogo como el auténtico legado europeo, como la auténtica identidad de Europa, tendremos que aceptar que la salida de Grecia de la Unión monetaria es tan peligrosa para la viabilidad de este proyecto como su continuidad en el euro. De hecho, tampoco Jerusalén es parte constituyente del proyecto político y económico de Europa y sin él tampoco sería posible el diálogo que le da sentido. Y si este diálogo es lo que tenemos que mantener, la auténtica amenaza para el proyecto europeo, el auténtico peligro que deberíamos evitar, sería en realidad el de darlo por cerrado, dando por ejemplo por supuesto que el camino de la historia tiene una dirección determinada y que todo contratiempo en el camino no es por eso más que una pérdida de tiempo. Quizás resulte que el auténtico diálogo es aporético y que por eso la construcción europea es y debe seguir siendo un proceso interminable.

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