20.7.12

Doping, ética y deporte

Es tiempo de Tour y tiempo de Tour es tiempo de doping. Como cada año, un ciclista ha tenido que ir a declarar a una comisaría francesa acusado de dopaje. Y, como cada año, esto ha reabierto el viejo debate sobre el doping en el deporte. Es un problema que se plantea por la dificultad (imagino que creciente) de detectar los nuevos fármacos y por la consecuente sospecha que cae sobre cualquier vencedor, que por el simple hecho de serlo se convierte en sospechoso de haber engañado a los controladores. Ante esta situación, algunos critican la "hipocresía del prohibicionismo", que beneficia a los más avispados o los mejor asesorados, y defienden la total desregularización del dopaje. O, como mínimo, una regularización que tuviera como finalidad única el preservar la salud de los deportistas.
Esta es la opinión de Andy Miah y de Julian Savulescu. En una reciente entrevista en La Contra de La Vanguardia, el eticista olímpico Andy Miah presentaba el caso de Lance Armstrong como un caso donde posiblemente la farmacología habría ido más allá de su función terapéutica. De ser así, Armstrong no habría ganado los tour a pesar del cáncer, sino gracias a la medicación que tomaba para superarlo y que le daría una ventaja ilícita sobre sus competidores. En lugar de defender la prohibición de esta mediación, Miah simplemente reclama más transparencia y menos persecución. Una transparencia que sería de gran utilidad, no sólo para saber qué toman realmente los deportistas, sino porque hacerlo público supondría una gran oportunidad de mejora de "nuestra medicina y nuestra calidad de vida". Por su parte, Julian Savulescu, director del Uehiro Centre for Practical Ethics en la Universidad de Oxford, cree que deberían suprimirse los controles y permitir a los atletas tomar lo que quieran mientras hacerlo no perjudique su salud. Haciendo referencia al famoso EPO, Savulescu afirma que el problema no estaría en si un atleta lo ha tomado para tener más glóbulos rojos, sino en la cantidad de glóbulos rojos que tuviera en la sangre, porque un exceso sería perjudicial para su salud .
Es cierto que estas soluciones nos ahorrarían muchos problemas, pero no deberían servirnos para olvidar que el problema del dopaje no afecta sólo a los deportistas y las condiciones de justicia de sus competiciones, sino al conjunto de la sociedad. Porque los dilemas éticos son dilemas políticos. Y porque, si una sociedad define su carácter por lo que admira y reverencia, no hay duda de que la sociedad contemporánea se define en la admiración a sus deportistas. Si los deportistas son los ejemplos a seguir y es previsible que lo sigan siendo, debemos hacer todo lo posible para que sean ejemplos dignos. Debemos hacer lo posible para hacerlos ejemplares. Sólo haciendo dignos de admirar aquellos a los que de hecho ya admiramos podremos hacer que los valores que llenan nuestros discursos sean también los que guían nuestras acciones. Una sociedad que pretende definirse por la meritocracia, por la igualdad y el respeto o por el cuidado de la salud, que sólo en la medida en que es cuidado de si incluye el cuidado del propio cuerpo, debe estar dispuesta a aprovechar el valor educativo del deporte y a pedir a sus referentes que se muestren a la altura de su situación.
Es cierto que una sociedad puede intentar forjarse con otros valores, como por ejemplo los valores de la prudencia y la moderación en el consumo de drogas o incluso en el valor del éxito por encima de todas las cosas. Pero lo que no puede hacer sin caer en la más flagrante de las hipocresías es defender una cosa y promover la contraria. Todos hemos visto como mocosos muy aficionados al fútbol y extraordinariamente bien dotados para el juego acaban siendo adolescentes vagos y viciosos, quizá porque todo el mundo elogiaba su talento y nadie su esfuerzo. Algunos hemos tenido la suerte de ver como niños torpes y rechonchos se convertían en jóvenes fuertes y en deportistas exitosos, quizá porque se vieron obligados a creer más en la constancia de su trabajo que en el favor de su talento natural. Quizás algunos habrán tenido la suerte de aprender alguna lección valiosa de su ejemplo, alguna lección sobre eso que llamamos espíritu de superación y meritocracia, porque el deporte es un entorno privilegiado para transmitir estos valores. Y quizás para poder aprender esta lección necesitamos poder creer en este ejemplo.

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