27.7.12

Un Batman muy neocon

Hace unos días, el locutor estadounidense Rush Limbaugh dijo que los demócratas utilizarían la última película de Batman para atacar al candidato republicano Mitt Romney. Porque el malo de la película se llama Bane y esto suena prácticamente igual que Bain, que es aquella famosa empresa con la que Romney se dedicaba a robar las piruletas de los niños y las pensiones de las abuelas. Parece que la suya ha sido una nueva profecía autocumplida, pero puede estar tranquilo porque, como bien sabe, el de Christopher Nolan es un Batman perfectamente conservador.
Es un Batman que ha entendido mucho mejor que el más listo de cada 15M la utilidad y la nobleza del engaño en el que se supone que se basa todo "el sistema". Ya al ​​final de la anterior película, magnífico, Batman y el comisario entienden perfectamente que Gotham necesita del engaño para ganar el futuro. Necesita creer que también los hombres normales pueden ser héroes. Saben que la corrupción de los mejores es la peor de las corrupciones porque pone en riesgo la confianza en los demás hombres y en las instituciones. Y saben que las instituciones son más importantes que las personas, incluso que los grandes hombres, y que Gotham podía prescindir del Batman porque ya podía bastarse con sus mitos y sus leyes. Pero que no podía prescindir de sus mitos sin poner en peligro sus instituciones y, con ellas, su propia libertad y su propia seguridad. Porque un hombre solo no siempre se basta (aunque sea el Batman). Y porque a veces tampoco la verdad es suficiente.
Es un Batman conservador porque sabe perfectamente que detrás de los gritos de la masa revolucionaria sólo se esconden, como dijo Lacan y recuerda tan oportunamente como siempre Gregorio Luri, unos histéricos en busca de un nuevo amo. Sabe que la libertad es lo primero que acaban sacrificando todos aquellos que se declaran dispuestos a sacrificarlo todo en nombre de la libertad. Y que la llamada a la revolución es siempre el primer grito del tirano y la única constitución del nuevo régimen. Es algo que también había entendido perfectamente Oswaldo Payá, en paz descanse. Es un Batman conservador porque confía más en la policía que en la razón y la bondad de las masas. Y no sólo porque confíe en la vocación de servicio de los policías, sino porque sabe que siempre tiene que haber alguien que se ensucie las manos para que unos pocos puedan pasar por héroes. Incluso Batman necesita de la policía y de alguien que llegado el momento sea capaz de hacerle el trabajo sucio. Y quizá es por eso que ningún héroe es un héroe para su ayudante de cámara, el sacrificado Alfred.
El Batman de Nolan es capaz de ver en la técnica mucho más que lo que nos salva. Porque la técnica es, también y principalmente, el lugar donde crece el peligro. Sin la técnica, Batman no podría ser Batman. Pero sin las amenazas de la técnica tampoco necesitaríamos su protección. Esto es mucho más de lo que parece entender la sociedad española, que, según un estudio de la Fundación del BBVA, se muestra muy reticente a someter los avances científicos al juicio y la guía de la ética. Incluso cuando se muestra seriamente convencida de que la culpa de todo la tienen aquellos ordenadores que hacen esos cálculos tan complicados allí por Wall Street. Y es un Batman conservador porque el héroe es un hombre, blanco, joven, yo diría que bastante guapo, y muy, muy rico. Y no rico por emprendedor o por haber montado con éxito un huerto ecológico o una casita de turismo rural. Rico de buena familia, rico de rentas y de no tener que pegar un palo al agua en toda su vida. Y el problema ya no es que sea rico, es que, si no fuera rico, muy muy rico, no podría ser el héroe. El Batman de Nolan sabe que en la era de la técnica no basta con ser bueno para poder hacer el bien. En nuestra era, para poder hacer el bien hay que tener poder, inteligencia, conocimientos, y mucho, muchísimo dinero.

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