9.8.12

Poco governo

Dos escenas recientes, protagonizadas por políticos, me parecen especialmente preocupantes por la confusión ideológica que reflejan. La primera la protagonizó el Presidente Rajoy en el Congreso de los diputados, afirmando que a él y a su gobierno les encantaría poder elegir entre hacer un bien y hacer un mal pero que por culpa del anterior gobierno de Zapatero se veían obligados a elegir entre dos males. Bien podría ser que Rajoy no creyera lo que dijo, y que sólo lo dijera para defenderse atacando, para recordar y exagerar la parte de responsabilidad que los socialistas tienen en la situación actual. Pero es posible y preocupante que Rajoy lo dijera porque lo cree así. Que lo dijera porque cree, como parecen creer tantos de nuestros políticos y tantos de nuestros conciudadanos, que hacer justicia es hacer prevalecer el bien sobre el mal. Y que crea, como parece creer tanta gente, que para ello se debe gastar más de lo que ahora podemos gastar. Los gobiernos comparten con su oposición más radical la premisa básica de que unos presupuestos más exiguos no pueden ser unos presupuestos más justos. Y es preocupante que así sea porque no está claro cuándo podremos gastar más que ahora, porque la justicia  es prioritaria al crecimiento y porque así, limitando el debate sobre la justicia al debate sobre la futura sociedad justa, tiende a olvidarse que hacer justicia tiene mucho que ver con intentar ajustarse lo mejor posible a las condiciones presentes.
La segunda escena es la de aquella lamentable discusión que el señor Nadal, del PSC, mantuvo con algunos ciudadanos a las puertas del Parlament. Estos ciudadanos acusaban al Parlament y a los parlamentarios de asesinos y genocidas y lo único que fue capaz de responder el señor Nadal (muy indignado, eso sí), es que los asesinos no eran los parlamentarios, sino el gobierno y sus recortes. También es cierto que el señor Nadal podría haber hecho estas declaraciones cegado por el partidismo, pero yo, que tengo una gran confianza en la buena fe de los hombres en general y de los políticos en particular, creo que el señor Nadal lo dijo de todo corazón. Me parece que también el señor Nadal dice lo que piensa. Y el problema es que el señor Nadal debe haber ido olvidando que la lógica de los acontecimientos es otra. Que lo que pasa, aquí como en todas partes, con este gobierno como con todos los demás, es que la gente tiende a morir y que todo lo que hacen los médicos y los gobiernos es intentar aplazar ese ineludible final. Pero que ni unos ni otros pueden evitarlo, porque ni los hombres ni los gobiernos lo pueden todo.
El triunfo ideológico de la socialdemocracia ha convencido a los políticos de que tienen que hacer un montón de cosas, tantas cosas buenas como puedan, y el crecimiento económico de los últimos tiempos los ha convencido de que pueden hacerlas y que cada día podrán hacer más. Pero esto no pasa de ser una doble mentira. Porque por mucho dinero que los gobiernos sean capaces de recaudar, nunca serán capaces de imponer el bien ni de erradicar el mal. Su labor seguirá siendo, como siempre ha sido, la de elegir el menor de entre los males posibles. Y porque por mucho dinero que los gobiernos inviertan en la sanidad pública (y supuestamente gratuita) nunca podrán evitar que la gente muera. Porque Dios no acepta sobornos y el diablo no existe. Es por esto que debemos ser muy cuidadosos con lo que esperamos y exigimos que hagan los gobiernos, con todo lo que dejamos en sus manos. Porque en lo que les exigimos es en lo mismo en que dependeremos de ellos. Esto es más evidente cada día que pasamos de crisis. Y por eso es cada día más evidente que debemos intentar protegernos de la debilidad del Estado tanto como de su fortaleza. Un político que no tuviese mucho que perder en las próximas elecciones podría convertir esta evidencia en un lema de campaña tan liberal-conservador como "menos impuestos, más responsabilidad".

Artículo publicado en ElSingularDigital

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