6.6.13

Abidal, el Barça y la retórica de los valores

Los culés estamos en una situación privilegiada para intentar entender el funcionamiento y los límites del discurso de los valores. Desde que hemos descubierto que somos un club con valores hemos recibido un par de lecciones de gran valor. La primera y fundamental vino de la marca Nike, que colgó un enorme cartel en la plaza de Cataluña de Barcelona para recordarnos que tener valores significa tener un buen par de pimientos, que por raro que suene vendría a ser tener cojones y tenerlos en catalán. Es una lección de gran valor pedagógico, porque devuelve la unicidad a la cuestión de los valores y nos remite sentido original del valor, que no es otro que el de la virtud. Cualquier valor que no signifique virtud significa valor de cambio, como bien nos habían advertido aquellos cínicos de Oscar Wilde que confundían valor y precio. Y que por eso tenían que confundir necesariamente el valor y los valores, la virtud y la retórica moralista. Si los cínicos son los únicos que siempre están a la altura de los tiempos, su supuesta confusión debería servirnos de aviso; puede ser que el valor que damos a las cosas no sea nada más que el precio que estamos dispuestos a pagar por ellas. Y si esto es cierto no parece que tenga demasiado sentido afirmar que esta crisis económica es en el fondo una crisis de valores, porque la lógica de los valores y de su crisis es en sí misma una lógica esencialmente económica. Más bien parecería cierto lo contrario; que esta es una crisis de valores precisamente porque es una crisis económica.
También el Barça, en el caso Abidal, nos ha enseñado que la lógica economicista marca el curso que debe tomar todo discurso sobre los valores. Hemos podido ver que la retórica de los valores no es suficiente ni para decidir qué hacer con Abidal ni para juzgar lo que se ha hecho con Abidal. No nos ayuda a saber cómo corresponder ante el ejemplo, la personificación, de todos aquellos valores que alabamos constantemente. Y con ello demuestra que el discurso de los valores nos compromete mucho más con su alabanza que con su práctica. La actitud del Barça con Abidal nos recuerda que sólo podemos juzgar a alguien por la virtud, por el valor, y no por los valores. Por lo que hace y no por lo que asegura admirar. Y por eso podemos decir que, según lo que cuenta el mismo club y que bien podría ser cierto, ha ayudado mucho al jugador y le ha tratado con respeto y le ha ayudado en todo lo que ha necesitado. Pero debemos decir que la directiva ha mentido. Que mintió al jugador y mintió a la afición. Y aunque el uno y los otros seamos demasiado buenos para recordarlo en la despedida de quién es, como se suele decir, magnífico jugador y mejor persona, lo cierto es que la directiva mintió cuando aseguró que el jugador renovaría cuando jugara su primer partido. Y yo no sé cómo será el hombre de valores, pero el hombre virtuoso es un hombre de palabra, aunque sólo sea para poder ser creíble cuando deba mentir. Llegados a este punto, y no pudiendo ser virtuosos, los directivos del Barça podían todavía y como mínimo intentar ser buenos, salvar su buen nombre salvando el discurso de los valores, y pagar una parte de la enorme deuda que buena su imagen de gente de valores tiene con Abi. Y todo ello por el módico precio de un año de ficha.