13.6.13

El héroe libertario

Como es habitual en estos casos, también de Snowden se ha dicho que sólo quería abrir un debate. Pero es falso, porque lo que quería era cerrarlo. Y pretendía hacerlo, como es costumbre, en favor de sus convicciones y en contra de la ley. Éste es el único motivo de que haya quien califica sus actos de valientes e incluso heroicos, porque en una democracia como la americana abrir un debate no tiene nada de excepcional. Lo que es excepcional, allí como aquí como en todas partes, es ganarlo.
Como decía David Brooks, este presunto héroe, "a pesar de ser reflexivo, moralmente implicado y profundamente comprometido con sus creencias, parece ser el producto de una de las tendencias más desafortunadas de nuestro tiempo: la atomización de la sociedad, el debilitamiento de los vínculos sociales, el incremento del número de jóvenes que viven entre los 20 y los 30 años una existencia tecnológica en el difuso mundo que hay entre las instituciones de la niñez y los compromisos familiares de los adultos". El individualismo de jóvenes como Snowden les impide ver que el Gran Hermano no es el único peligro que nos amenaza. "Otra amenaza, sigue diciendo Brooks, es la creciente ola de desconfianza, la propagación del cinismo corrosivo, el desgaste del tejido social y el aumento del número de personas con una perspectiva tan individualista que no pueden entender cómo trabajar con los demás para cuidar del bien común". Para que la sociedad funcione es necesario el respeto a las instituciones y la deferencia a los procedimientos legales. Parece que idealistas como Snowden, que actúan contra las instituciones y los procedimientos legales para defender la sociedad, son como aquellos que cuando hablan contra la familia no saben lo que hacen porque no saben lo que deshacen.
La actitud presuntamente heroica de Snowden y los elogios libertarios que recibe contrastan con la distinción de Kierkegaard entre dos prototipos de referentes morales: "el héroe trágico" y el "caballero de la fe". El primero es aquel que se atreve a arriesgar su vida en defensa de la comunidad. Se atreve a cumplir órdenes y gracias a su valentía en el cumplimiento del deber merece el reconocimiento del público y los dioses. El caballero de la fe, en cambio, es aquel que obedece a Dios por encima de los hombres porque sabe que la ley de los hombres puede ser una ley injusta y que para ganar la salvación eterna es capaz de soportar la condena de sus conciudadanos. Lo que tienen en común es lo mismo que los diferencia de Snowden, Assange y de sus admiradores libertarios; saben que quien aspira a grandes cosas debe estar dispuesto a hacer grandes sacrificios. Cosmopolitas tecnológicos como Snowden, Assange y los que han de venir no renuncian a nada porque nada los liga. No renuncian a los dioses ni a los hombres porque por encima de ellos siguen a su conciencia y a ésta siempre la tendrán, vayan donde vayan. Quieren seguir a su conciencia y a nada más que su conciencia y quieren al mismo tiempo los aplausos y el reconocimiento. Este contraste se vio muy claro cuando las noticias de TV3 aseguraban que Snowden, refugiado en un hotel de lujo de Hong Kong, había dado la cara. En realidad, Snowden no ha dado nada, sólo ha robado. Ha robado documentos de su gobierno y ha robado, roba y robará, tiempo de nuestros informativos. Y ni siquiera ha dado la cara, sólo la ha enseñado.
Snowden lo ha hecho porque porque entiende muy bien esta distinción, tan confusa y al mismo tiempo tan propia de la era Facebook, entre darse y mostrarse. En la era facebook es cada vez más evidente que cuanto más nos mostramos más difícil nos es darnos. Y Snowden sabe muy bien que cuanto más se muestre más difícil será que lo entreguen. Nuestros Snowden se presentan como idealistas porque se encuentran mucho más acá de las distinciones clásicas entre el héroe griego y el fiel cristiano. Y por eso es tan importante ver como idealistas como él y Assange ponen su suerte en manos del más brutal de los realismos, que es siempre el de la realpolitik internacional. Snowden podrá encontrar, como Assange, una potencia que lo proteja, pero no encontrará ninguna potencia dispuesta a proteger su causa. Puede encontrar refugio en Rusia, pero no puede esperar robar al gobierno ruso y salir indemne. Estos idealistas libertarios han tenido que abrazar lo condenaban, renunciando al idealismo y la libertad en favor de la realpolitik y la seguridad, y recordándonos así que nuestro revolucionario sólo es aquel que llama "idealistas" los actos que castiga todo código penal.